El pasado martes 26 de mayo, el Teatro Parque Cousiño se transformó en el epicentro del metal más extremo con el ansiado retorno a Chile de la agrupación japonesa DEVILOOF, tras dos años de su primera e impactante visita al país. A pesar de que la jornada experimentó un leve retraso de entre 15 y 20 minutos debido a la alta convocatoria y extensión del Meet & Greet, la paciencia de los asistentes se transformó en pura adrenalina una vez que se apagaron las luces.
We Are The Monster: El calentamiento perfecto con sello nacional
La apertura de la noche estuvo a cargo de los chilenos We Are The Monster, quienes demostraron ser la opción idónea para una cita de esta magnitud. Desplegando un modern metal potente y técnicamente impecable, la banda nacional no tardó en conectar con el público gracias a una performance enérgica y un sonido sólido que retumbó en todo el recinto.
El punto álgido de su presentación llegó cuando la banda solicitó la apertura de la cancha para un devastador wall of death, el cual fue respondido con total entrega por los asistentes.
La solidez escénica de We Are The Monster dejó en claro el excelente nivel de la producción local, logrando no solo cumplir como teloneros, sino encender los motores de la audiencia a una temperatura ideal, ganándose el respeto y los aplausos de quienes llenaron el teatro desde temprano.




El plato fuerte de la velada llegó con la salida de DEVILOOF, quienes irrumpieron en el escenario desatando la locura colectiva de inmediato al ritmo de «Gouzin Zangoku». Desde los primeros acordes, el Teatro Parque Cousiño se rindió ante la propuesta de la banda. El vocalista, Keisuke, se robó las miradas con una ejecución vocal impecable: sus brutales guturales y agudos asombrosos marcaron una evidente similitud con el emblemático vocalista de Dir En Grey, demostrando una versatilidad técnica sobresaliente y un manejo de los tiempos escénicos brutal.
La cuidada estética visual de la banda contrastó de manera perfecta con la violencia de su sonido. Uno de los momentos cumbres de la noche se vivió con la interpretación de «Dusky-Vision», corte que desató el caos total: la sección delantera del público coreaba el tema a todo pulmón, mientras que la parte trasera de la cancha se convertía en un gigantesco y destructivo mosh pit.
Más allá de la brutalidad sónica, destacó la intensa interacción de los músicos japoneses con la fanaticada chilena. A través de gestos y una complicidad constante, la banda se mostró visiblemente alimentada por la energía desenfrenada del público local, rompiendo por completo la barrera del idioma a través de la música.
Para cerrar la velada con broche de oro, y tras un show que se extendió por poco más de una hora, el guitarrista Ray se quedó sobre el escenario para agradecer personalmente y de manera extendida la tremenda respuesta del público. Segundos más tarde, la emotiva despedida sumó un hito especial: DEVILOOF hizo subir a los integrantes de We Are The Monster para retratar el momento en una gran fotografía grupal, sellando la hermandad entre la escena chilena y nipona bajo una ovación cerrada.
Con esto, DEVILOOF consolidó con éxito su segundo paso por el país, demostrando que el lazo con sus seguidores nacionales está más fuerte que nunca y dejando una postal memorable de mosh, sudor y camaradería.





Fotos por: Benjamín Chamorro (@wara.mp4)
