Anoche, el Teatro Caupolicán se convirtió en un escenario de intensidad y precisión. La atmósfera vibraba desde temprano con la expectativa de un encuentro que trascendía lo musical: un duelo de técnica, energía y emociones. Jinjer regresó a Chile en su mejor estado de forma, pero la jornada fue también un triunfo colectivo que comenzó con la fuerza demoledora de la escena local.
La apertura estuvo a cargo de dos grandes exponentes del metal chileno que demostraron por qué son referentes de la exportación musical:
Los penquistas de Insanity Storm aportaron la cuota de brutalidad y atmósfera necesaria con su black thrash metal al hueso. Con velas y una puesta en escena decidida, temas como “Burning Soul”, “Shining Star” y “Attack” mostraron una cohesión sonora que no dio respiro. Su capacidad para transitar entre riffs gélidos y pasajes de pura agresividad técnica fue la preparación perfecta para lo que vendría después. Su vocalista Elizafer demostró el poder femenino y la teatralidad que caracteriza su performance, cerrando con una ovación general del público que ya comenzaba a llenar el recinto.






Luego vendrían los nacionales de All Tomorrows, con una ejecución sencillamente quirúrgica. El despliegue rítmico en cortes como “Kismet” y la densidad de “Ancient Spectres” y “Dispossession” confirmaron que su metal progresivo habita en una liga superior. Cada compás irregular se sintió como una pieza de relojería, validando su lugar en esta jornada de alta exigencia técnica. A pesar de no poder ejecutar su tema final “Dajjal” debido al tiempo, dejaron la invitación para escucharlo en su próximo show de mayo.







Y llegamos al momento cúlmine de la jornada. Cuando los ucranianos de Jinjer saltaron al escenario, el enfoque estuvo puesto en su flamante entrega: “Duél”. Pudimos presenciar la ferocidad de “Fast Draw”, el magnetismo de “Green Serpent” o “Rogue”, donde los polirritmos de Vlad Ulasevich desafiaron cualquier lógica. También la hipnótica “Someone’s Daughter”, que en vivo adquirió una profundidad tectónica.
Técnicamente, el balance fue impecable. El bajo de Eugene Abdukhanov lideró las texturas melódicas, mientras que Tatiana Shmayluk volvió a dar una clase maestra de control vocal. Sus transiciones entre el gutural más cavernoso y los limpios de ensueño en clásicos como “Perennial” y actuales como “Kafka” nos recordaron por qué es la intérprete definitiva de nuestra generación. Por supuesto, no podían faltar los clásicos como “Teacher, Teacher”, “Judgement (and Punishment)” y su viral “Pisces”. El repertorio elegido fue un balance perfecto entre lo nuevo y lo icónico.









Fue una noche de contrastes, técnica impecable y una conexión visceral. ¡Una jornada que ya es parte de la historia del metal en Santiago!
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