La tarde del domingo 12 de abril, la Caja Acústica de Santiago volvió a convertirse en un punto de encuentro clave para la escena hardcore local. Con un cartel que combinaba nombres emergentes y bandas ya consolidadas en el circuito, la jornada tuvo como eje central el esperado regreso de Starting The Collapse, quienes volvían a los escenarios con nuevo material bajo el brazo.
Desde antes de las 17:00 hrs., los primeros asistentes comenzaron a llegar al recinto, generando ese ambiente tan característico de los shows de nicho: grupos de amigos, poleras negras, conversaciones cruzadas y la energía previa para iniciar los mosh. Con el paso de los minutos, el espacio fue tomando forma y densidad, aunque el inicio del evento se retrasó levemente respecto a lo programado.
Cerca de las 18:00 hrs., Signs of Apocalypse dio el puntapié inicial a la jornada. Bastaron un par de riffs para que el público se activara de inmediato: los primeros mosh pits, el infaltable two-step y los gritos de apoyo marcaron una presentación breve pero contundente. La banda no solo dejó en claro su potencia en vivo, sino que también aprovechó la instancia para registrar material audiovisual, transformando su show en parte de lo que será su próximo videoclip.
Luego fue el turno de Hollow Humanity, quienes ya cuentan con un nombre bien ganado dentro de la escena gracias a su propuesta de vegan heavy hardcore metal. A pesar de algunos inconvenientes técnicos en el sonido, la respuesta del público no decayó en ningún momento. Temas como Until Every Cage is Empty, Contempt // Misery, Impairment // Transgression y Hives & Trophies mantuvieron la intensidad en lo alto, con un público completamente entregado y una energía que se sentía en cada rincón del recinto
Superado ese bloque, Relámpagos tomó el escenario y consolidó uno de los momentos más comunitarios de la noche. Con una base sólida de seguidores dentro del post-hardcore nacional, la banda logró esa conexión directa que define al género: micrófono compartido, letras coreadas a todo pulmón y una cercanía total entre músicos y asistentes. Canciones como De Flores y Asfalto, Tierra y El Discurso reforzaron su posición como uno de los nombres más consistentes del circuito, convocando además a algunos de los moshers más activos de la jornada.
Más temprano de lo previsto, llegó el momento más esperado de la noche. Starting The Collapse subió al escenario con una sala considerablemente más llena, evidenciando el interés que generaba su regreso. Entre agradecimientos constantes al público, la banda presentó un set cargado de intensidad y emoción, repasando parte de su repertorio junto a nuevas composiciones. Temas como Isolate Rave, Nu Isolation, Archetypes y Strife marcaron un retorno sólido, demostrando que su propuesta sigue vigente y con la capacidad de convocar tanto a seguidores antiguos como a nuevas audiencias.
El cierre quedó en manos de Cronos Debe Morir, quienes cerca de las 20:30 hrs. tomaron el relevo con su característico enfoque de skate punk. Si bien la asistencia disminuyó levemente —considerando el horario y el contexto de un domingo—, la banda logró mantener una conexión firme con el público presente. Entre canciones, aprovecharon de compartir reflexiones sobre el contexto político actual y el trasfondo de su nombre, sumando una capa discursiva que fue bien recibida por sus seguidores más fieles, quienes acompañaron cada tema con la misma energía del inicio.
Más allá de los detalles técnicos o los inevitables ajustes de producción, lo vivido en la Caja Acústica reafirma la importancia de este tipo de instancias para la escena local. Espacios donde las bandas nacionales no solo pueden mostrar su trabajo, sino también fortalecer comunidad, generar redes y proyectarse hacia nuevos públicos. El nivel mostrado por cada uno de los actos deja en evidencia que el talento está, y que muchas de estas propuestas no tienen nada que envidiar a circuitos internacionales. En encuentros como este, el hardcore chileno no solo respira: se mantiene activo, evoluciona y demuestra, una vez más, que sigue más vivo que nunca.










