Danza con la pena: El emotivo e imborrable homenaje a Apolo en Club Ámbar

El pasado sábado 26 de septiembre, Club Ámbar recibió a más de 200 personas que llegaron con un mismo motivo: recordar a Apolo. Familias, amigos, músicos y gente de distintas generaciones de la escena hardcore compartieron una jornada que mezcló emociones difíciles de explicar. Había ganas de estar juntos. Había tristeza. Pero también había una necesidad evidente de acompañarse.

Desde la entrada se entendía que no era una fecha cualquiera.

Las chiquillas encargadas de la organización prepararon imanes y stickers conmemorativos que fueron repartidos entre los asistentes. Muchos los guardaron de inmediato. Otros se quedaron mirándolos unos segundos antes de entrar. Eran detalles simples, pero ayudaban a recordar por qué todos estaban ahí.

Los primeros minutos estuvieron marcados por algunos inconvenientes con la producción del recinto. Nada grave, pero sí lo suficiente para generar algo de preocupación entre quienes llevaban semanas trabajando para sacar adelante el homenaje. Por suerte, con el paso de las horas todo comenzó a acomodarse y la programación pudo desarrollarse prácticamente según lo previsto.

La música arrancó con Hollow Humanity, seguida por Sightless y Blurry. Más allá de los shows, se notaba que había algo distinto en el ambiente. Cada banda estaba compuesta por personas que compartieron escenarios, ensayos, viajes y momentos importantes junto a Apolo. Eso se sentía en cada palabra y en cada canción.

Entre una presentación y otra era común ver grupos conversando. Muchos recordaban anécdotas. Otros simplemente se abrazaban. Había gente que no se veía hace años y que terminó reencontrándose esa noche.

Uno de los momentos más fuertes llegó antes de la presentación de Resistencia Nu Hate.

Las luces bajaron y comenzó a sonar «Danza con tu pena». De inmediato el ambiente cambió. Sobre el escenario aparecieron familiares de Apolo junto a Esteban de Resistencia Nu Hate para interpretar una de las canciones más significativas de la jornada.

Durante esos minutos el recinto guardó una energía distinta. Algunos cantaban. Otros no podían hacerlo. Varias personas lloraban en silencio mientras miraban hacia el escenario. También hubo abrazos largos. De esos que no necesitan decir nada.

Fue probablemente el momento más difícil de la noche.

Y también uno de los más sinceros.

Después vino Resistencia Nu Hate y la intensidad volvió a aparecer poco a poco. La cancha comenzó a moverse nuevamente. Los gritos regresaron. La gente respondió desde el primer tema y el ambiente cambió por completo, pasando del recogimiento a la descarga emocional que tantas veces ha caracterizado a esta escena.

Más tarde fue el turno de Sangre Brutal Shiet.

La presentación tuvo un carácter especial. Distintos vocalistas fueron pasando por el micrófono para interpretar las canciones. Maime, Joaco, Gloom, Ignacia, Esteban y Mono fueron algunos de los que subieron al escenario durante el homenaje.

Cada uno aportó lo suyo.

Algunas interpretaciones fueron rabiosas. Otras estuvieron cargadas de emoción. Pero todas fueron recibidas con el mismo respeto por parte del público.

Cuando el mosh tomó fuerza ya casi no quedaba espacio libre en la cancha. Había crowdkilling, empujones y caos, como en cualquier buena fecha hardcore. Pero también se podía ver a gente observando desde los costados, emocionada, tomando aire entre canción y canción.

Eran dos caras de la misma noche.

La tristeza estaba presente, pero también la alegría de recordar a alguien que dejó huella en muchas personas.

Por momentos se escuchaba el nombre de Apolo entre el público. Aparecía en conversaciones, en recuerdos compartidos y en historias contadas una y otra vez. Era imposible no pensar cuánto significaba para quienes estaban ahí.

Cuando la jornada comenzó a llegar a su fin, quedó claro que aquello había sido mucho más que una sucesión de bandas sobre un escenario.

Fue una reunión entre amigos.

Una instancia para acompañar a la familia.

Una oportunidad para recordar.

Y también una manera de celebrar la vida de alguien que marcó profundamente a quienes compartieron camino con él.

Las luces se encendieron. La gente empezó a retirarse lentamente. Sin apuro.

Todavía quedaban conversaciones pendientes, abrazos y recuerdos dando vueltas por el lugar.

Apolo ya no está físicamente, pero quedó demostrado que su nombre sigue siendo parte de esta escena. Se escuchó durante toda la noche. En las canciones, en las historias y en la memoria de quienes llegaron hasta Club Ámbar para rendirle homenaje.

Y mientras eso siga ocurriendo, habrá una parte de él que seguirá presente en cada encuentro.

FOTOS POR: Benjamín Chamorro

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