En una escena donde el metalcore se reinventa constantemente entre la nostalgia y la experimentación, el nombre de LANDMVRKS ha pasado de ser una promesa europea a consolidarse como uno de los proyectos más consistentes y atractivos de la última década.
Desde Marsella hacia el resto del mundo, su crecimiento no ha sido inmediato ni explosivo, sino más bien progresivo, casi quirúrgico: disco a disco, gira a gira, construyendo una identidad que hoy los posiciona como un acto imprescindible para entender el presente del género.
Formados en 2014 bajo un nombre anterior —Coldsight—, el proyecto tomó forma definitiva cuando Florent Salfati asumió la voz principal casi por necesidad más que por diseño. Ese gesto, que en retrospectiva parece anecdótico, terminó marcando el ADN sonoro de la banda: una mezcla de agresividad cruda, melodía emocional y una versatilidad vocal que se convertiría en uno de sus sellos más reconocibles.
Su debut, Hollow (2016), los mostró como una banda que entendía las reglas del metalcore moderno, pero que aún buscaba su propia voz. No tardaron en captar atención en circuitos europeos — incluyendo su paso por festivales como Hellfest —, y el verdadero punto de inflexión llegó con Fantasy (2018), trabajo que los posicionó en el radar internacional y los puso compartiendo cartel con nombres mayores de la escena.
Pero si hay un momento en que LANDMVRKS deja de ser “promesa” para convertirse en certeza, ese es Lost in the Waves (2021). Ahí, la banda encuentra un equilibrio particularmente fino entre lo visceral y lo accesible: breakdowns precisos, estructuras más dinámicas y una apertura estilística que incorpora elementos del hardcore, el punk e incluso matices del hip-hop. La crítica y el público coincidieron en algo: LANDMVRKS ya no estaba siguiendo tendencias, estaba ayudando a definirlas.
Ese crecimiento se confirma con The Darkest Place I’ve Ever Been (2025), un álbum que no solo reafirma su identidad, sino que amplía su alcance dentro de la escena global. En un contexto donde muchas bandas del género tienden a diluir su sonido en busca de mayor masividad, los franceses optan por profundizar en su intensidad emocional sin sacrificar técnica ni contundencia.
Parte de su impacto radica precisamente ahí: en entender que el metalcore contemporáneo no se trata solo de riffs pesados o estribillos coreables, sino de una narrativa sonora capaz de transitar entre la furia y la vulnerabilidad.
La voz de Salfati —capaz de alternar entre gritos desgarradores y pasajes melódicos con tintes casi nostálgicos— se convierte en el hilo conductor de una propuesta que dialoga tanto con la vieja escuela del género como con influencias más modernas, desde el nu metal hasta el post-hardcore.
En paralelo, su reputación en vivo ha crecido a la par de su discografía. En comunidades de fans, no es raro encontrar comentarios que los sitúan como una de las bandas más sólidas sobre el escenario, destacando la intensidad de sus shows y la fidelidad de su ejecución en directo:
“Probably a top 3 live band in the genre… the vocalist is unbelievable.”
Ese factor — la capacidad de trasladar su energía de estudio al escenario — ha sido clave en su expansión fuera de Europa, incluyendo giras por Estados Unidos y Asia, y ahora, con su próxima visita a Chile, se abre una nueva oportunidad para medir ese impacto en territorio latinoamericano.
Porque si algo define a LANDMVRKS en 2026, es su condición de puente: entre generaciones, entre estilos, entre escenas. No son una banda que reinvente el metalcore desde cero, pero sí una que lo empuja hacia adelante con inteligencia, sensibilidad y una ejecución impecable.
Su llegada a Chile no solo anticipa un show intenso, sino también el encuentro con una banda en pleno momento de consolidación creativa. Y eso, en el metalcore — un género que vive de la urgencia —, siempre es una buena noticia.
