Opeth y su impacto en el metal progresivo: una banda que cambió las reglas

Cuando se habla de bandas que lograron dejar una marca profunda en el metal progresivo, el nombre de Opeth aparece inevitablemente. A lo largo de más de tres décadas, el grupo sueco construyó una trayectoria singular, desarrollando una identidad que nunca terminó de encajar por completo en una sola etiqueta. Death metal, rock progresivo, folk, psicodelia y hard rock clásico convivieron en una propuesta que ayudó a ampliar las posibilidades creativas del género.

En Orchid (1995) y Morningrise (1996) ya aparecía una de las características que definirían a Opeth: canciones extensas, cambios de atmósfera y una convivencia poco habitual entre riffs extremos, guitarras acústicas y pasajes melódicos. Mikael Åkerfeldt venía del death metal, pero también estaba descubriendo a bandas como Camel, Genesis, Yes y King Crimson, además de mantener como referentes a Iron Maiden, Judas Priest, Deep Purple y Black Sabbath. Esa combinación terminó siendo mucho más importante que cualquier etiqueta.

Con My Arms, Your Hearse (1998) y Still Life (1999), Opeth comenzó a perfeccionar esa fórmula. Las canciones podían cambiar completamente de dirección sin perder coherencia: un riff podía dar paso a una sección acústica, una melodía delicada podía desembocar en un grito desgarrador y una composición podía extenderse durante varios minutos sin depender de la estructura tradicional de verso y coro.

Pero fue Blackwater Park (2001) el disco que llevó esa propuesta a otro nivel. La colaboración con Steven Wilson, líder de Porcupine Tree, ayudó a ampliar las posibilidades sonoras de la banda y a trabajar especialmente las voces, guitarras, dinámicas y atmósferas. Åkerfeldt ha explicado que Wilson fue importante para que Opeth experimentara con el sonido y aprendiera a trabajar mejor los contrastes y matices.

Y ahí está una de las grandes claves de Opeth: el contraste. Blackwater Park podía pasar de la agresividad de “The Leper Affinity” o “Bleak” a la delicadeza de “Harvest” sin que ninguna de las dos caras pareciera pertenecer a otra banda. La influencia no estuvo solamente en hacer canciones más largas o técnicamente complejas, sino en demostrar que la intensidad también podía construirse desde el silencio, la dinámica y la melodía.

La experiencia continuó con Deliverance y Damnation (2002-2003), dos discos que llevaron esta dualidad al extremo. El primero profundizó en el lado más pesado y oscuro de Opeth; el segundo prácticamente eliminó los growls y abrazó el rock progresivo, la psicodelia y las texturas setenteras. La decisión fue importante porque demostró que una banda podía alejarse temporalmente de aquello que sus seguidores esperaban y seguir siendo reconocible.

Ghost Reveries (2005) y Watershed (2008) recuperarían buena parte de la brutalidad, pero con una paleta todavía más amplia. Teclados, folk, jazz, progresivo, death metal y estructuras cambiantes convivían dentro de canciones que podían ser técnicamente complejas sin sentirse como una demostración de virtuosismo.

Después llegó uno de los movimientos más arriesgados de su carrera: Heritage (2011). Sin guturales y con una producción deliberadamente orgánica, el disco se alejó del metal contemporáneo para acercarse todavía más al rock progresivo de los años 70. Pale Communion (2014), Sorceress (2016) e In Cauda Venenum (2019) profundizaron ese camino.

Esta etapa también dejó una enseñanza importante para el metal progresivo actual: progresar no significa necesariamente tocar más rápido, más complejo o más técnico. Para Opeth, progresar también podía significar cambiar de textura, abandonar una fórmula que siempre funciona, recuperar sonidos antiguos o simplemente escribir una canción de otra manera.

Por eso, su influencia resulta tan evidente en la escena progresiva contemporánea. Su legado ayudó a abrir una puerta para bandas que hoy mezclan metal extremo con rock alternativo, atmósferas, elementos acústicos, voces limpias y delicadas además de estructuras menos convencionales. Incluso músicos vinculados directamente a Opeth han destacado que una de las grandes dificultades de este tipo de composición es hacer que todos esos cambios tengan un hilo conductor.

En la actualidad del mtal progrsivo no hay ninguna otra banda como Opeth: No inventaron cada uno de los elementos que utilizan, pero encontraron una manera extraordinariamente personal de hacerlos convivir. Tomaron el death metal, el progresivo de los 70, el folk, el jazz y el hard rock, los hicieron pasar por el mismo filtro y construyeron algo que durante décadas ha resultado difícil de imitar sin sonar simplemente como una copia.

Más de 30 años después de su formación, Opeth continúa demostrando que el metal progresivo no necesita permanecer encerrado dentro de sus propias reglas. Su mayor aporte no está solamente en Blackwater Park, Ghost Reveries o Heritage, sino en haber demostrado que la evolución puede ser parte esencial de la identidad de una banda.

En un género donde muchas veces progresar significa agregar complejidad, Opeth hizo algo mucho más difícil: demostró que también se puede progresar atreviéndose a cambiar.

Descubre más desde SonorocK

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo