Hay nombres en la historia del metal que no son solo bandas; son instituciones culturales. Sepultura es, sin duda, el estandarte más grande del metal latinoamericano. Sin embargo, hablar de los de Belo Horizonte es abrir un debate que, casi treinta años después de la salida de Max Cavalera, sigue sacudiendo los foros y las barras de los bares: ¿Es la etapa con Derrick Green una continuación legítima o una sombra alargada?
Como seguidores que crecimos sintiendo el golpe seco de Roots (1996) en el pecho, es imposible no extrañar la furia tribal y visceral de los hermanos Max e Igor. Pero para entender a la Sepultura del siglo XXI, hay que dejar la nostalgia a un lado, sacarse los prejuicios y analizar los hechos con la cabeza fría.
El quiebre y el nacimiento de una nueva era (1996-1998)

El climax ocurrió en plena cúspide. Tras editar la obra maestra que fue Roots, las tensiones internas y familiares —agravadas por la salida de su mánager y esposa de Max, Gloria— dinamitaron la formación clásica. Max se fue para fundar Soulfly, e Igor resistió unos años más antes de partir en 2006. El golpe fue devastador.
En 1998, la banda editó Against, su primer disco con un desconocido Derrick Green en la voz. Las críticas no se hicieron esperar. El público purista los tildó de «venderse» o de ser una simple «banda tributo» con un vocalista que intentaba imitar los zapatos imposibles de Max Cavalera. Pero, ¿quiénes somos para juzgar esa urgencia?

Andreas Kisser y Paulo Jr. tomaron una decisión de supervivencia artística: había que seguir. Y Against no era un disco de Max, ni pretendía serlo. Introdujo elementos de percusión brasileña con el grupo Uakti y abrió la puerta al groove metal industrial. La gran pregunta que muchos fans nos hacemos con el vaso en alto es: ¿Cómo habrían sonado Against (1998) o incluso el brutal Quadra (2020) con Max Cavalera en las voces? Probablemente habrían sido discos aún más mastodónticos para la nostalgia colectiva.
Derrick Green: El chivo expiatorio injusto

Aquí es donde debemos ser justos como cronistas y críticos musicales. Tachar a Derrick Green de «copia» es no haber escuchado su trayectoria ni su propuesta. Green nunca intentó imitar el tono cavernoso, cortante y hardcore de Max; al contrario, aportó un registro más denso, guturales profundos tirando al death metal y una presencia escénica descomunal con su imponente estatura.
Los datos respaldan su peso en la historia del grupo:
Consistencia en el estudio: Green ha grabado 9 álbumes de estudio con Sepultura, superando numéricamente los 6 discos que Max grabó con la formación clásica (de Morbid Visions a Roots).
Longevidad: Lleva más de 25 años al frente de la banda, demostrando una lealtad a prueba de balas y un respeto absoluto por el legado que heredó.
Discos como Roorback (2003) o la obra conceptual A-Lex (2009) —inspirada en La naranja mecánica— demuestran que Sepultura dejó de ser una banda de thrash tradicional para convertirse en un laboratorio de metal实验 (experimental), donde el bajo de Paulo Jr. y las afiladas guitarras de Kisser encontraron un nuevo hogar sonoro.
La madurez y la reinvención: El triunfo de Quadra(2020)
Para cuando llegó la década de 2020, la narrativa cambió por completo. La banda ya no competía con su pasado; había construido un presente imponente de la mano del baterista Eloy Casagrande (quien dejó la vara altísima antes de su reciente salida).
Quadra fue la prueba definitiva de que Kisser entendió la evolución perfecta: un disco que dividió conceptualmente la historia musical del grupo en cuatro partes (thrash clásico, groove melódico, experimentación acústica y texturas progresivas). Aquí, la voz de Derrick Green ya no genera debate estéril; es el engranaje perfecto de una maquinaria que suena más técnica y ambiciosa que nunca.

Dos caras de una misma leyenda
Extrañar a los Cavalera es un derecho adquirido de cualquier metalero viejo escuela. Verlos hoy en día tocar canciones clásicas bajo el estandarte de Cavalera Conspiracy nos alimenta el alma.
Pero reducir a la actual Sepultura a una «banda tributo» es una falta de respeto a la resiliencia artística. Andreas Kisser no mató a la banda en 1996; la transformó en un organismo vivo. Derrick Green no vino a reemplazar a nadie, vino a sostener un templo que se caía a pedazos. Al final, el tiempo puso las cosas en su lugar: tenemos dos realidades paralelas para disfrutar. Y el metal, señores, sale ganando por doble partida.
Sepultura en chile – 8 de octubre 2026 el ultimo 1,2,3,4…..

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