The Amity Affliction desató una noche intensa de metalcore en Santiago

Anoche vivimos una de las jornadas que todo fanatico del género post hardcore o metalcore ha estado esperando desde hace algunos meses para ver a una de las bandas que se ha logrado consolidar dentro de esta escena en los últimos 20 años. Alrededor de las 20:30 hrs, la Sala Metrónomo comenzaba lentamente a llenarse con los primeros asistentes que llegaban ansiosos para reencontrarse con The Amity Affliction. 

En los alrededores se podía escuchar cómo las personas comentaban sobre la escena musical, bandas relacionadas y como algunos charlaban sobre ciertas canciones antes del inicio del show, lo que fue construyendo el ambiente perfecto para el regreso de la banda australiana a nuestro país, esta vez en el marco de la promoción de su más reciente trabajo, House of Cards.

La relación entre The Amity Affliction y Chile ya lleva tiempo consolidándose. Hace poco más de un año, específicamente el 1 de abril de 2025, la banda se presentó en la Blondie, dejando claro que existe una conexión especial con el público nacional. Y anoche, esa conexión volvió a sentirse intacta.

La historia de The Amity Affliction se remonta al año 2002, cuando Ahren Stringer y Troy Brady, amigos desde la infancia, decidieron formar una banda luego de verse profundamente afectados por la pérdida de un amigo cercano en un accidente automovilístico. Lo que comenzó como una forma de canalizar emociones terminó transformándose en uno de los nombres más importantes del metalcore y post-hardcore australiano.

Con la llegada de Joel Birch en 2005, la banda comenzó a consolidar su identidad y rápidamente empezó a recorrer escenarios locales, ganando reconocimiento por sus presentaciones intensas y emocionalmente cargadas. Con el paso de los años, The Amity Affliction fue expandiendo su alcance hasta alcanzar un punto decisivo en 2012 con Chasing Ghosts, álbum que los posicionó definitivamente dentro de la escena internacional.

Más adelante, la incorporación de Dan Brown ayudó a fortalecer aún más el sonido de la banda, aportando nuevas capas melódicas y consolidando trabajos posteriores como This Could Be Heartbreak (2016), Everyone Loves You… Once You Leave Them (2020) y Not Without My Ghosts (2023), discos que no solo lograron excelentes resultados en Australia, sino que también extendieron su impacto a nivel mundial. La llegada del baterista Joe Longobardi terminó de reforzar una alineación que hoy se siente sólida y completamente madura sobre el escenario.

Y precisamente eso fue lo que quedó demostrado anoche en Santiago.

Puntualmente a las 21:00 hrs, las luces bajaron y The Amity Affliction apareció sobre el escenario desatando la inmediata reacción de una audiencia que estaba completamente preparada para entregarlo todo. La banda abrió con Kickboxer, y desde los primeros segundos quedó claro que la energía no iba a bajar en ningún momento de la noche.

La Sala Metrónomo volvió a demostrar por qué se ha transformado en uno de los espacios favoritos para este tipo de conciertos. Lejos de sentirse fría o distante, el recinto permitió que el público y la banda compartieran una experiencia cercana e íntima, donde el mosh se vivió como una expresión colectiva de energía y no como un espacio hostil. Había empujones, circle pits y walls of death, todo dentro de la hermandad y el cuidado que existe por el otro dentro de la escena.

Desde el escenario, la banda se mostró constantemente agradecida y cómoda con la respuesta del público chileno. Joel Birch se mantuvo intenso durante toda la presentación, descargando guturales con una potencia que hizo retumbar la sala, mientras Dan Brown equilibraba perfectamente el sonido con sus voces limpias y melódicas. Esa dualidad vocal, tan característica de The Amity Affliction, sigue funcionando de manera impecable en vivo y continúa siendo una de las principales fortalezas de la banda.

El setlist avanzó sin pausas innecesarias y con una audiencia completamente involucrada en cada canción. Drag the Lake fue uno de los primeros momentos donde el recinto explotó por completo, con el público coreando cada palabra mientras los puños se alzaban en el aire. Más adelante, Heaven Sent generó uno de los instantes más intensos y emocionales de la noche, demostrando cómo la banda logra equilibrar agresividad y sensibilidad sin perder autenticidad.

La energía continuó creciendo con canciones como All That I Remember, House of Cards, Open Letter, All Fucked Up y Death’s Hand, cada una acompañada de una respuesta inmediata del público. No importaba si se trataba de material más reciente o canciones clásicas dentro de su discografía: la conexión se mantuvo constante durante toda la presentación.

Y cuando parecía que la noche ya había entregado todo lo que podía ofrecer, llegaron los momentos finales con Pittsburgh y Soak Me in Bleach, dos canciones que terminaron de convertir el cierre en una explosión de emociones. El público cantó cada línea con una intensidad que hizo evidente el vínculo que existe entre la banda y sus seguidores.

Sin duda, The Amity Affliction sigue siendo una banda completamente vigente. Sí, existen opiniones divididas entre algunos fanáticos más antiguos que sienten mayor apego por los primeros trabajos del grupo y consideran que el sonido actual tomó un rumbo diferente. Pero quizás justamente ahí radica una de las mayores virtudes de la banda: nunca han tenido miedo de explorar nuevas direcciones dentro del post-hardcore y el metalcore.

Más allá de las etiquetas o comparaciones inevitables entre discos, lo que realmente importa es que The Amity Affliction sigue transmitiendo algo genuino sobre el escenario. Sus canciones continúan conectando emocionalmente con las personas, las voces suenan más fuertes que nunca y la intensidad de sus presentaciones demuestra que todavía tienen mucho que decir dentro de la escena.

Lo vivido anoche en Santiago fue prueba clara de eso. Cada mosh, wall of death y cada coro entonado por el público dejaron en evidencia que este tipo de música sigue encontrando espacios donde crecer y mantenerse viva. Al final, más allá de los cambios de sonido o del paso del tiempo, noches como la de ayer recuerdan que bandas como The Amity Affliction siguen más presentes que nunca y entregados al 100% a su fanaticada. 

📝 @pompomphurin
📸 @holatami.gd

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